sábado 6 de agosto de 2011

Placer Sagrado: Resacralizar el Placer

Resacralizar el placer como nos propone Riane Eisler supone un proceso individual y colectivo, que transforme las relaciones amorosas (que son relaciones sociales) tanto con uno o una misma como con los demás. Supone valorar y mencionar de forma diferente, supone otra vida cotidiana.

Pero como bien enfatiza R.E., sobre todo cuando alude a los que ocurre en los países escandinavos, para que ese proceso ocurra y se involucre mucha gente, es preciso que lo empujen políticas públicas distintas, comprensivas y centradas en los seres humanos y no el mero crecimiento económico. Políticas que, especialmente en lo social, se formulen desde una voluntad transformadora respecto de los géneros y que hagan lo posible por:

-Nacer siendo deseada/o, que equivale a ser querido/o. Que es lo mismo que aprender a recibir amor, para poder darlo.

-Nacer con el derecho a tener derechos y ejercerlos.

-Nacer con acceso a un proyecto de vida digno y enriquecedor.

Desde ese lugar es posible vivir en la biología del amor, reaprender históricamente el placer como un don sagrado, como fue vivido en los antiguos territorios del viejo mundo o en las tierras más cercanas, en la de las diosas aztecas y mayas.

La engañosa convocatoria al placer que actualmente efectúan los medios, está planeada desde la exaltación del dominio y no desde el compartir (dar-recibir, recibir-dar) .

El encuentro sexual está concebido como un espacio de reafirmación de la masculinidad estereotipada, mediante la oferta de la vivencia de poder - sumisión.

En voz de la trabajadora sexual que se cita, la mujer vende un ritual de sumisión femenina y el hombre compra poder, lo que es una transacción entre desiguales y más desiguales aún si se trata de adolescentes o niñas.

La oferta mercantil de los medios respecto al cuerpo y la sexualidad de las mujeres, extrapola esta relación de comercio sexual a todos los encuentros. ¿Cómo contrarrestar este poder enajenante de los medios?

El libro convence respecto a la necesidad del cambio y de la existencia de resquicios para ello. También desafía y convoca a comprometerse en y con los cambios. Surgen preguntas: ¿Cómo lograr que los procesos individuales se hagan colectivos? ¿Cómo constituir una masa crítica de mujeres, capaces de hacer realidad el mito de Gilgamés? ¿Que rescaten lo humano, lo sabio y lo divino desde el fondo de la bestia, a través del placer compartido?

¿Cómo desenyugarnos de la opresión de los fundamentalismos religiosos, que en América Latina se expresan como presión vaticana ?

¿Cómo neutralizar la socialización en la cultura dominadora facilitada y reforzada hoy por la globalización neoliberal a través de sus poderosos instrumentos tecnológicos ? (Cómo evitar el aprendizaje de la erotización de la violencia contra las niñas en Internet).

¿Cómo participar en el tránsito entre el modelo dominador y el modelo solidario? que es en suma ¿Cómo modificar las relaciones sociales?

Por una parte, están los procesos individuales de valoración y autoestima, de conocimiento y apropiación del propio cuerpo en la relación amorosa con uno/a misma/o, de conocimiento, apropiación y ejercicio de derechos, especialmente derechos sexuales y reproductivos, hoy reconocidos como derechos humanos, pero no de individuos como tales, de legitimación práctica de lo erótico como la fuerza vital y del poder amoroso del cuerpo (vida, placer, afirmación).

Por otra parte, en la misma dirección están los procesos colectivos, frente a esto cabe preguntarse :

¿Le interesa la sexualidad a la democracia? ¿Le interesa contribuir a la deconstrucción de lo inhumano, violento y opresor y a la resocialización respecto del placer, que hoy es negado como valor y vivido culpablemente como pecado?

Pero a la luz de los hechos, la clase política de nuestros países consideran como costo político abocarse a trabajar por el cambio y por el ejercicio de los Derechos Sexuales Reproductivos de mujeres y hombres, con toda la profundidad necesaria, más allá de modificar una que otra cifra estadística. Los cambios culturales en este plano están fuera de la agenda.

Es preciso entonces que desde la sociedad civil se empuje el proceso.

Riane Eisler señala ejemplos en este sentido, para quienes se comprometan esto supone:


Avanzar propuestas que incorporen lo económico y político ; Contribuir decididamente a la erradicación de la homofobia, que retroalimenta la masculinidad estereotípica; construir liderazgos femeninos, con nuevas propuestas de ejercicio de poder (que no repitan situaciones vividas en las últimas décadas en busca de otras utopías); transformar o neutralizar la maquinaria de dominación de la iglesia vaticana. Esto es fundamental en este continente inmerso en el marianismo virginal y sumiso; construir múltiples polos de poder y control social para empujar el ejercicio de los derechos sexuales reproductivos y la validación del placer.

Me alegra repetir la siguiente frase de Riane Eisler, desde mi propia experiencia: "Pienso en lo afortunada que soy de estar en contacto a través de mi trabajo con tantas cosas positivas y esperanzadoras", porque trabajo con mujeres de Latinoamérica y el caribe que luchan por sus derechos y por transitar hacia el modelo solidario, recuperando el valor de su cuerpo y su erotismo junto a los de justicia social y relación con la naturaleza, ayuda a ser optimista, teniendo claro que hablamos de procesos estructurales y por lo tanto no es de tiempos cortos. En esa visión optimista, me uno a la invitación que nos hace Riane Eisler para construir un nuevo mito de Eva y Adán y a la convocatoria de Galeano de vivir el cuerpo como fiesta.

Descargar los libros de Riane Eisler

PLACER SAGRADO I y II