
Nos dejamos guiar rápidamente por la experiencia y la opinión de los demás, independientemente de si se adecua a nosotras, o a nuestra situación.
Nuestro mundo ha sido moldeado en gran parte por otras personas. Son ellas las que crean los productos que usamos, hacen las leyes que obedecemos y escriben los libros que estudiamos en los institutos, por lo tanto, estamos sujetos a su visión y conciencia particular del mundo a la hora de emplear sus reglas. A pesar de todos nuestros esfuerzos por perfeccionarnos, la verdad es que las personas tenemos un conocimiento limitado, motivaciones distintas, visiones parciales y un número diverso de otras limitaciones. Esto es algo que muchos de nosotros sabemos intelectualmente, aun cuando no pensemos demasiado en cómo afecta a nuestra manera de ver el mundo. Y así es como experimentamos nuestro mundo, la más de las veces: como si existiera al margen de la intervención humana.
Vemos las cosas que usamos, las normas que obedecemos y la información en que nos basamos como si fueran una verdad absoluta, independientemente del contexto o de la perspectiva. Las normas pueden ser una guía útil en un momento determinado, tampoco digo que destruyamos el sistema y reinemos en la vulgaridad y el egoísmo; no, no me refiero a eso, me refiero a que, con demasiada frecuencia obedecemos normas, como si poseyeran una lógica intrínseca que resulta razonable en todos los contextos. Nos enseñan a pensar en el interior de la caja, y en el exterior de la caja. Lo que yo quiero que nos preguntemos es: ¿Quién puso esa caja ahí? y ¿por qué?.
El temor a violar una norma nos anima a mirar a los demás para averiguar qué es lo que hay que hacer. Seguir a los otros está bien, a menos que nos perjudique. Pero ¿obedeceríamos siempre mecánicamente las reglas si supiéramos quién las creó, y con qué intención?. De no ser así, entonces es importante ponerle una cara a las cosas que implícitamente tratamos como si fueran verdades objetivas, para asegurarnos de que tiene sentido en el contexto actual.
Podríamos hacernos preguntas no sólo acerca de las normas, sino en todos los casos en que los demás piensan que algo debería encajar en nuestras vidas pero no es así. Dado lo distintos que somos los unos de los otros, es absurdo esperar que algo valga para todo.
La ciencia se enorgullece de su objetividad, y suele escondernos sus elecciones incluso cuando publica sus hallazgos. De hecho, la investigación científica se publica en las revistas de ese ámbito como enunciados probabilísticos, aunque en los libros de texto del colegio, y en las revistas populares se muestran como si fueran verdades absolutas. Esto promueve la ilusión de la estabilidad de las cosas.
La estabilidad es un esquema mental, y los que tienen confianza irrefrenable de que están en lo cierto con esta afirmación, confunden la estabilidad de sus esquemas mentales con la supuesta estabilidad de los fenómenos a los que se refieren...
La maestría en todas las cosas, puede venir, de una comprensión implícita de que las normas están hechas por personas en circunstancias determinadas. Cuando las situaciones cambian, la norma tendría que modificarse. Y ¿cómo sabemos la manera de hacerlo? Sabemos cómo hacerlo cuando estamos siendo auténticas, conectadas a nuestro Ser Superior. Hacemos nuestras elecciones basándonos en lo que es importante para nosotras en ese momento. No hay ninguna regla que pueda hacer eso.
Pongamos por ejemplo: la selección de los futuros alumnos en un examen de admisión. Los problemas comienzan cuando algún participante excluido del grupo, le da a su exclusión una significación psicológica, en vez de verla como el resultado de un acuerdo de un grupo de decisores. ¿De verdad nos importa la imagen que nos otorgan, por el resultado de contestar una hoja de papel? ¿Respetaríamos a alguien únicamente porque sabe la respuesta a tal o cual pregunta arbitraria? Si tuviéramos a esas personas delante de nosotras para que pudiéramos juzgarlas del modo en que ellas nos juzgaron indirectamente, ¿qué descubriríamos? ¿podríamos pensar en preguntas que ellas fueron incapaces de contestar? En la medida en que no tenemos en cuenta el contexto, no pensamos en cosas como éstas.
Nuestro mundo ha sido moldeado en gran parte por otras personas. Son ellas las que crean los productos que usamos, hacen las leyes que obedecemos y escriben los libros que estudiamos en los institutos, por lo tanto, estamos sujetos a su visión y conciencia particular del mundo a la hora de emplear sus reglas. A pesar de todos nuestros esfuerzos por perfeccionarnos, la verdad es que las personas tenemos un conocimiento limitado, motivaciones distintas, visiones parciales y un número diverso de otras limitaciones. Esto es algo que muchos de nosotros sabemos intelectualmente, aun cuando no pensemos demasiado en cómo afecta a nuestra manera de ver el mundo. Y así es como experimentamos nuestro mundo, la más de las veces: como si existiera al margen de la intervención humana.
Vemos las cosas que usamos, las normas que obedecemos y la información en que nos basamos como si fueran una verdad absoluta, independientemente del contexto o de la perspectiva. Las normas pueden ser una guía útil en un momento determinado, tampoco digo que destruyamos el sistema y reinemos en la vulgaridad y el egoísmo; no, no me refiero a eso, me refiero a que, con demasiada frecuencia obedecemos normas, como si poseyeran una lógica intrínseca que resulta razonable en todos los contextos. Nos enseñan a pensar en el interior de la caja, y en el exterior de la caja. Lo que yo quiero que nos preguntemos es: ¿Quién puso esa caja ahí? y ¿por qué?.
El temor a violar una norma nos anima a mirar a los demás para averiguar qué es lo que hay que hacer. Seguir a los otros está bien, a menos que nos perjudique. Pero ¿obedeceríamos siempre mecánicamente las reglas si supiéramos quién las creó, y con qué intención?. De no ser así, entonces es importante ponerle una cara a las cosas que implícitamente tratamos como si fueran verdades objetivas, para asegurarnos de que tiene sentido en el contexto actual.
Podríamos hacernos preguntas no sólo acerca de las normas, sino en todos los casos en que los demás piensan que algo debería encajar en nuestras vidas pero no es así. Dado lo distintos que somos los unos de los otros, es absurdo esperar que algo valga para todo.
La ciencia se enorgullece de su objetividad, y suele escondernos sus elecciones incluso cuando publica sus hallazgos. De hecho, la investigación científica se publica en las revistas de ese ámbito como enunciados probabilísticos, aunque en los libros de texto del colegio, y en las revistas populares se muestran como si fueran verdades absolutas. Esto promueve la ilusión de la estabilidad de las cosas.
La estabilidad es un esquema mental, y los que tienen confianza irrefrenable de que están en lo cierto con esta afirmación, confunden la estabilidad de sus esquemas mentales con la supuesta estabilidad de los fenómenos a los que se refieren...
La maestría en todas las cosas, puede venir, de una comprensión implícita de que las normas están hechas por personas en circunstancias determinadas. Cuando las situaciones cambian, la norma tendría que modificarse. Y ¿cómo sabemos la manera de hacerlo? Sabemos cómo hacerlo cuando estamos siendo auténticas, conectadas a nuestro Ser Superior. Hacemos nuestras elecciones basándonos en lo que es importante para nosotras en ese momento. No hay ninguna regla que pueda hacer eso.
Pongamos por ejemplo: la selección de los futuros alumnos en un examen de admisión. Los problemas comienzan cuando algún participante excluido del grupo, le da a su exclusión una significación psicológica, en vez de verla como el resultado de un acuerdo de un grupo de decisores. ¿De verdad nos importa la imagen que nos otorgan, por el resultado de contestar una hoja de papel? ¿Respetaríamos a alguien únicamente porque sabe la respuesta a tal o cual pregunta arbitraria? Si tuviéramos a esas personas delante de nosotras para que pudiéramos juzgarlas del modo en que ellas nos juzgaron indirectamente, ¿qué descubriríamos? ¿podríamos pensar en preguntas que ellas fueron incapaces de contestar? En la medida en que no tenemos en cuenta el contexto, no pensamos en cosas como éstas.
Fuente: Libro "La creatividad consciente" Ellen J. Langer. Editorial Paidós. Resumen de Shakty.

