miércoles 22 de abril de 2009

El corsé invisible

En la sociedad posmoderna las mujeres viven permanentemente en un estado de pánico. Un día tras otro se nos repite que debemos parecernos a una modelo, so pena de quedar excluidas. Dicho modelo es el de la mujer delgada y sin arrugas. Las mujeres se pasan la vida forzándose y pasando privaciones, pero sin llegar a conseguir lo que la sociedad reclama de ellas: la transformación de su cuerpo. Como si el cuerpo estuviera hecho de plastilina, preparado para adaptarse a cualquier exigencia. Y cuando las mujeres no logran satisfacer esas exigencias (como perder 5 kilos antes del verano, para citar un ejemplo frecuente), tienden a desvalorizarse ellas mismas. De repente, pasan a verse como seres ineptos, sin voluntad e incapaces de alcanzar los modelos de vida que se han erigido en dogmas.

No conseguirlo las desespera y logra rebajar su autoestima, lo que todavía las empuja aun más hacia la búsqueda de la perfección, y si no consiguen -después del quinto régimen del año- perder grasa, ahí, en los muslos, algunas intentaran recurrir a la cirugía. ¿En nombre de qué ideal nos atrevemos a condenar de ese modo los signos de la feminidad?

En este campo, todo es escandaloso. Y en particular en lo que se refiere a la manera en la que cada una nos hacemos cómplices de esa esclavitud y de la brutalidad con la que se trata a la mujer: la moda y sus creadores, que a veces se comportan de un modo irresponsable; la publicidad, que aunque sólo pretende ser el reflejo de la sociedad, es la que crea los modelos, la prensa, que, a pesar de su deseo de proteger a la mujer no sabe desmascararse de esa tiranía. Y al aceptarlo, las mujeres tambien se convierten en cómplices de todo lo que les sucede. Pero ¿acaso pueden elegir? al catalogarlas de demasiado gordas, demasiado arrugadas o demasiado viejas... Les estamos arrebatando su espacio vital.

El culto enfermizo al cuerpo beneficia a un cierto número de industrias. La industria agroalimentaria, incluyendo el sector de los productos bajos en calorías y los alimentos sustitutivos, la industria cosmética, los laboratorios farmacéuticos, la cirugía estética, y los spa.

La condición de la mujer moderna, que vive sumida en el terror de pasar de los cuarenta y de aumentar tres kilos, es indigna en nuestra sociedad. Es una mujer que vive constantemente con miedo, un miedo que ella misma construye, día tras día, y semana tras semana. Ahora bien, una persona que tiene miedo no sabe elegir de la forma correcta. Cuando una mujer se la condena a vivir en todo momento en el temor de no ser como debiera, se le está arrebatando su libre albedrío.

En la presentación del articulo sobre las "gordas" aparecido en la revista 'Elle' de octubre de 2006, Catherine Roig se preguntaba: "¿Y si se suprimieran los regímenes?". Y aunque parezca una pregunta legítima y evidente, era la primera vez que alguien se atrevía a formularla en una revista femenina. Esta es la clase de liberación de la mujer que corresponde a nuestra época. Una mujer que se siente segura de si misma, que ama su cuerpo -aunque sienta la avalancha de opiniones de la sociedad en contra-, que saca la fuerza y el coraje de ser ella misma, y de verse como le da la gana. Salir del encierro en el que se vive, por causa de unos códigos estéticos irreales y asesinos, es una necesidad y un deber de todas las mujeres del mundo.


Fuente Original: Libro "El corsé invisible". Eliette Abécasis y Caroline Bongrand. Ediciones Urano.