lunes 28 de julio de 2008

Hijas sin madre

Yo, como muchas mujeres nunca me he sentido profundamente querida por mi madre, aunque conozco lo que es ser amada profundamente. A mi madre le costaba aceptarme; yo era demasiado para ella de pequeña. Siempre me estaba cayendo de los arboles, rompiendo algo, o sufriendo accidentes. No valoraba mis impulsos creativos; esos impulsos la amenazaban. Intentó contenerme pero yo no podía ser contenida. Continuamente me escapaba del vaso de su maternidad. Era demasiado pequeño para mi, me asfixiaba.

En mi infancia veía lo femenino como asfixiante y peligroso. Aunque reconocía la belleza y sensualidad de lo femenino, me parecía carente de humor. Procuraba la perfección y yo era una niña mucho menos que "perfecta", mis sentimientos no eran "normales". Sé que mi rechazo inicial de lo femenino era un rechazo de la ira de mi madre, su desaprobación, rigidez e incapacidad de verme y oirme como yo era. Durante mi adolescencia, cuanto más la rechazaba y me identificaba con mi padre, más me separaba de lo femenino fuerte y poderoso en mí misma.

'Hijas del padre'

A pesar de los éxitos conseguidos por el movimiento feminista, el mito predominante en nuestra cultura es que determinadas personas, posiciones y acontecimientos concretos, tienen más valor en sí que otros. Estas personas, posiciones y acontecimientos son normalmente masculinos, o están definidos por el hombre. Las normas del hombre se han convertido en el modelo social respecto al liderazgo, la autonomía y el éxito personal, en comparación, las mujeres se han visto "carentes" de inteligencia, aptitudes y poder.

A medida que fui creciendo, observaba todo esto y me identifiqué con el prestigio, la independencia, la autoridad y el dinero, todo ello controlado por hombres. Muchas mujeres que han conseguido triunfar son consideradas 'hijas del padre', porque buscan la aprobación y el poder de ese primer modelo masculino... De alguna manera, la aprobación de la madre no es tan importante; el padre define lo femenino y esto afecta a la sexualidad de su hija, su capacidad para relacionarse después con los hombres y para tener éxito en el mundo. Lynda Schmidt define a la hija del padre como la "hija con una fuerte relacion positiva con su padre, probablemente excluyendo a su madre. Este tipo de mujeres se orientará a los hombres a medida que va creciendo y tendrá una actitud de desaprobación hacia otras mujeres."

Mary Lynne también había rechazado cualquier cosa asociada con ser femenina, porque decía que no quería ser como su madre, una ama de casa tradicional (a la que siempre veía controlando, enfadada y rígida). "Nunca me lleve bien con mi madre. Siempre pensaba que estaba celosa de mí, porque me iba bien en la escuela y porque tenía la oportunidad de realizar estudios superiores que ella nunca tuvo. Yo no quería acabar en algo parecido a ella; quería ser como mi padre, al que yo veía flexible, triunfador y satisfecho con su trabajo. Mamá nunca estaba contenta, nunca se me ocurrió pensar por entonces que el éxito de mi padre era a expensas de mi madre, y que el propio odio de esta a sí misma, y los mensajes confusos que transmitía a sus hijas, tenían su origen en la manera en que la sociedad trata a las mujeres".

Es importante sanar -nuestra- relación madre/hija, digamos que tenemos en nuestro interior la voz de nuestra madre biológica dirigiendo nuestras conductas, hasta que nos hacemos conscientes de ella. La ruptura emocional con nuestra madre tiene mucho que ver con nuestra relación con nosotras mismas, con el Poder Femenino, y la Naturaleza. Hay que empezar a sanar esos bloqueos intentando comprender a nuestras madres y la situación por la que pasaron; no para dejarnos 'avasallar' de nuevo, sino para comprender desde el corazón, incluso cuando ya no tengamos nada en común con ellas y tengamos que continuar nuestro camino.
Así nos liberaremos de la pesada carga que llevamos en nuestra psique.

Es necesario sanar nuestra relación con nuestra madre para conectarnos mejor con el Poder de la Diosa. Reconocer que los aspectos femeninos también han sido muy valiosos, y que gracias a la mujer, el hombre ha podido desentenderse de una casa, de los hijos, de la comida, de la limpieza y trabajar única y exclusivamente para él. Las mujeres todavía hacemos todo esto y además sacamos tiempo para nuestro futuro profesional.

Debemos aprender a valorar las cualidades femeninas de la espiritualidad, la sensibilidad, la interiorización, la maternidad, etc. Aunque en este tiempo la feminidad
también va a descubrir y a expresar su capacidad activa, de iniciativa, y de transformación. Pero primero debemos encontrar nuestra posición femenina básica.

Los impulsos instintivos también han de ser aceptados, y hacerlos llevaderos para nosotras mismas y los demás. Hemos sido educadas en esta cultura a tratar nuestros impulsos controlándolos o disfrazándolos, o desechándolos mediante la razón. La psique masculina, moldeada por la disciplina represiva, suele apartarse y hacerse insconciente de sus impulsos. La psique femenina siente que esta evasión es dolorosa.

Estas nuevas cualidades, necesitan un cambio radical del sistema de valores masculinos en ambos sexos. Mediante la capacidad de integrar simultáneamente los opuestos, aparentemente excluyentes entre sí, habrá que modificar la lucha heroica por el dominio, la conquista y el poder, el sistema de posiciones superiores e inferiores, las reglas de autoridad y rango, de verdad y mentira, "mi manera y tu manera de hacer las cosas". Tenemos que aprender a apreciar los matices y todo el espectro de colores, en lugar de los sistema -blanco y negro-.

Autores: Maureen Murdock. "Ser Mujer: Un viaje Heroico". Fragmentos de "Ser Mujer", por
Edward Whitmont. Resumen de Shakti.