
La tarea de dominar el primer chakra es equivalente, en fin de cuentas, con la comprensión y la curación del cuerpo. Aprender a aceptar nuestro cuerpo, sentirlo, valorarlo y amarlo, ésos son los desafíos que nos aguardan ahí. El lenguaje del primer chakra es la forma, y nuestro organismo es la expresión física de nuestro ser complejo. Conforme examinamos las formas (por la mirada, por el tacto, por el movimiento, por la sensación propioceptiva) aprendemos el lenguaje del cuerpo y vamos conociendo partes más profundas de nosotros mismos.
Cada chakra nos aporta un nivel de información. El cuerpo es el equipo físico destinado a procesar la información, así como el «listado» de todos los datos y programas que componen nuestro ser. Nuestras penas y nuestras alegrías quedan grabadas en la carne y en la postura de los huesos; nuestros hábitos y necesidades, codificados en los impulsos nerviosos así como nuestros recuerdos y aptitudes. En nuestros genes, la herencia de los antepasados; en las células, la composición química de los alimentos que comemos. Y mientras el corazón marca el ritmo con su latido, nuestros músculos reflejan las actividades a que nos dedicamos todos los días.
Para entender el cuerpo hay que ser ese cuerpo, con sus dolores, sus placeres, sus temores y sus alegrías. Considerar la naturaleza espiritual como algo separado es aislarnos de nuestro fundamento, de nuestra raíz, de nuestro hogar. Somos entonces algo menos que completos, escindidos y fuera de contacto con la información que podría comunicarnos nuestro cuerpo.
Con esto no se niegan las filosofías que aseguran que «tú eres algo más que sólo cuerpo», sino que las trascendemos. Somos nuestro cuerpo y al asumirlo nos convertimos en algo más. Adquirimos fundamento y presencia, entramos en contacto con todo lo que ocurre dentro de nosotros. Así experimentamos más completamente nuestra parte espiritual y emotiva, cuyo vehículo es el organismo.
Para admitirlo así y hacer la felicidad del primer chakra la clave es aprender a cuidarnos: descansar cuando el cuerpo pide descanso, comer bien, hacer ejercicio y -no negarle placeres-. Los masajes, los baños calientes, la buena comida y una práctica deportiva agradable son maneras de cuidarse y de poner fin al cisma cuerpo/mente que resulta del paradigma cultural según el cual la mente vale más que la materia. Nunca nos sentiremos integrados y completos si no resolvemos esa polaridad. Por medio del cuerpo tenemos la posibilidad de enseñarnos a cambiar de mentalidad y vivir la experiencia de la mente dentro de la materia.
El comer, la absorción de materia sólida por nuestro organismo, es una de las actividades que corresponden al primer chakra. Nos da fundamento, nos nutre y mantiene la estructura física. Con la alimentación nos incorporamos los frutos de la tierra, elemento del primer chakra. Puesto que vamos a estudiar la parte material de nuestra existencia, no podemos prescindir de una ojeada a lo que constituye ese cuerpo material. La comida que digerimos es la materia que transformamos en energía, de donde se deduce que lo que comemos influye sobre la energía generada. Consumir alimentos sanos y limpios es el primer paso hacia la creación de un fundamento saludable para nuestros primeros chakras.
La dieta correcta para la expansión de la conciencia no puede prescribirse con carácter general para todos, sino que cada uno debe elegir la alimentación más idónea según sus necesidades y sus propósitos. Obviamente si usted es un obrero de la construcción y pesa 90 kilos, sus necesidades serán muy distintas de las de una secretaria que trabaja todo el día sentada en un despacho y pesa 45 kilos. Por lo común suele recomendarse una dieta vegetariana con el fin de desarrollar la sensibilidad y elevar la conciencia a estados «superiores»; pero no es un régimen recomendable a todos, y puede resultar incluso perjudicial si no se observa el debido equilibrio entre los nutrientes.
La comida tiene propiedades vibracionales básicas por encima y más allá de su valor como alimento. De tal manera que un plato amorosamente preparado por una persona de la familia resulta mucho más beneficioso que la elaboración hecha en un restaurante rápido por uno que odia este trabajo. Además, los distintos tipos de alimentos tienen diferentes cualidades vibracionales que permiten definir correspondencias aproximadas con los distintos niveles chácricos:
Primer chakra carnes y proteínas
De carne a carne, podríamos decir, con lo que se quiere dar a entender que ése es el más material de los alimentos que ingerimos. Su digestión es más laboriosa que la de casi todos los demás alimentos y, en consecuencia, el tránsito a través del aparato digestivo es más prolongado. Por esta razón ocupa energías de la parte inferior del organismo y limita ligeramente o domina el flujo de energía hacia los chakras superiores. Las carnes y las proteínas favorecen la toma de fundamento, pero consumidas en exceso recargan el organismo, que acusa el exceso de tamas y alcanza con dificultad los estados de mayor ligereza que se asocian con los demás chakas. Por el contrario, cuando uno se siente débil, desorientado y disociado del propio cuerpo y el mundo físico en general, un buen plato de carnes puede suponer una pronta recuperación.
No es imprescindible consumir carnes para tener una buena base; las proteínas son más esenciales para el tejido estructural asociado con el primer chakra, de tal manera que una dieta ovolactovegetariana con aportación suficiente de proteínas puede ser una comida «de fundamento» suficiente para contentar las necesidades de aquél.
Autora: Anodea Judith - Libro "Nueva guía de los chakras"
Cada chakra nos aporta un nivel de información. El cuerpo es el equipo físico destinado a procesar la información, así como el «listado» de todos los datos y programas que componen nuestro ser. Nuestras penas y nuestras alegrías quedan grabadas en la carne y en la postura de los huesos; nuestros hábitos y necesidades, codificados en los impulsos nerviosos así como nuestros recuerdos y aptitudes. En nuestros genes, la herencia de los antepasados; en las células, la composición química de los alimentos que comemos. Y mientras el corazón marca el ritmo con su latido, nuestros músculos reflejan las actividades a que nos dedicamos todos los días.
Para entender el cuerpo hay que ser ese cuerpo, con sus dolores, sus placeres, sus temores y sus alegrías. Considerar la naturaleza espiritual como algo separado es aislarnos de nuestro fundamento, de nuestra raíz, de nuestro hogar. Somos entonces algo menos que completos, escindidos y fuera de contacto con la información que podría comunicarnos nuestro cuerpo.
Con esto no se niegan las filosofías que aseguran que «tú eres algo más que sólo cuerpo», sino que las trascendemos. Somos nuestro cuerpo y al asumirlo nos convertimos en algo más. Adquirimos fundamento y presencia, entramos en contacto con todo lo que ocurre dentro de nosotros. Así experimentamos más completamente nuestra parte espiritual y emotiva, cuyo vehículo es el organismo.
Para admitirlo así y hacer la felicidad del primer chakra la clave es aprender a cuidarnos: descansar cuando el cuerpo pide descanso, comer bien, hacer ejercicio y -no negarle placeres-. Los masajes, los baños calientes, la buena comida y una práctica deportiva agradable son maneras de cuidarse y de poner fin al cisma cuerpo/mente que resulta del paradigma cultural según el cual la mente vale más que la materia. Nunca nos sentiremos integrados y completos si no resolvemos esa polaridad. Por medio del cuerpo tenemos la posibilidad de enseñarnos a cambiar de mentalidad y vivir la experiencia de la mente dentro de la materia.
El comer, la absorción de materia sólida por nuestro organismo, es una de las actividades que corresponden al primer chakra. Nos da fundamento, nos nutre y mantiene la estructura física. Con la alimentación nos incorporamos los frutos de la tierra, elemento del primer chakra. Puesto que vamos a estudiar la parte material de nuestra existencia, no podemos prescindir de una ojeada a lo que constituye ese cuerpo material. La comida que digerimos es la materia que transformamos en energía, de donde se deduce que lo que comemos influye sobre la energía generada. Consumir alimentos sanos y limpios es el primer paso hacia la creación de un fundamento saludable para nuestros primeros chakras.
La dieta correcta para la expansión de la conciencia no puede prescribirse con carácter general para todos, sino que cada uno debe elegir la alimentación más idónea según sus necesidades y sus propósitos. Obviamente si usted es un obrero de la construcción y pesa 90 kilos, sus necesidades serán muy distintas de las de una secretaria que trabaja todo el día sentada en un despacho y pesa 45 kilos. Por lo común suele recomendarse una dieta vegetariana con el fin de desarrollar la sensibilidad y elevar la conciencia a estados «superiores»; pero no es un régimen recomendable a todos, y puede resultar incluso perjudicial si no se observa el debido equilibrio entre los nutrientes.
La comida tiene propiedades vibracionales básicas por encima y más allá de su valor como alimento. De tal manera que un plato amorosamente preparado por una persona de la familia resulta mucho más beneficioso que la elaboración hecha en un restaurante rápido por uno que odia este trabajo. Además, los distintos tipos de alimentos tienen diferentes cualidades vibracionales que permiten definir correspondencias aproximadas con los distintos niveles chácricos:
Primer chakra carnes y proteínas
De carne a carne, podríamos decir, con lo que se quiere dar a entender que ése es el más material de los alimentos que ingerimos. Su digestión es más laboriosa que la de casi todos los demás alimentos y, en consecuencia, el tránsito a través del aparato digestivo es más prolongado. Por esta razón ocupa energías de la parte inferior del organismo y limita ligeramente o domina el flujo de energía hacia los chakras superiores. Las carnes y las proteínas favorecen la toma de fundamento, pero consumidas en exceso recargan el organismo, que acusa el exceso de tamas y alcanza con dificultad los estados de mayor ligereza que se asocian con los demás chakas. Por el contrario, cuando uno se siente débil, desorientado y disociado del propio cuerpo y el mundo físico en general, un buen plato de carnes puede suponer una pronta recuperación.
No es imprescindible consumir carnes para tener una buena base; las proteínas son más esenciales para el tejido estructural asociado con el primer chakra, de tal manera que una dieta ovolactovegetariana con aportación suficiente de proteínas puede ser una comida «de fundamento» suficiente para contentar las necesidades de aquél.
Autora: Anodea Judith - Libro "Nueva guía de los chakras"

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