lunes 14 de abril de 2008

La vergüenza de ser nosotras mismas

La vergüenza es otro de los obstáculos que tenemos para conectar con nuestro ser interior. Es una emoción sutil, muy parecida a la culpa, que surge cuando hacemos actos inadecuados, ridículos o dignos de condenación.

Mirando la definición de ridículo que aparece en el diccionario encontramos:
"Extraño, irregular y de poco aprecio y consideración". "Acto expuesto a la burla o al menosprecio de la gente, sea o no sea con razón justificada".

Con esta definición podríamos declarar, que la vergüenza y el ridículo son sentimientos creados socialmente basados en normas externas de comportamiento. Además de ser carencias intrínsecas del autoestima que nos impiden ser auténticas.

Muchos de nuestros actos espontáneos, inocentes y completamente normales, fueron rechazados en nuestra infancia con las típicas frases represivas de: "Eso esta mal”, "Eso se ve ridículo", "Que dirá la gente", "no lo hagas",...

Y con esta carga de represiones nos han convertido a lo largo de los años, en una manada de robots y mimos imitadores que no tienen expresividad ni alma propia. Nos hemos convertido en imitadoras de doctrinas frías y muertas, y las sensaciones internas de infelicidad han ido invadido nuestro ser.

Aquí me refiero a la vergüenza de nuestra imagen, de nuestras emociones, de nuestras ideas y pensamientos. Siempre estamos fingiendo. Nos han hecho creer que hay que tapar a toda costa nuestra verdadera esencia, sin ninguna comprensión, ni orientación adecuada al respecto.

Con esto no digo que dejemos hacer a los demás lo que les apetezca. Pero es que en el mismo ámbito de las relaciones personales se puede ver. Dentro del marco del respeto y la educación, se nos condena salirnos del "comportamiento social normal" y parece que ser nosotras mismas se convierte en algo terrible. Si al otro le parece ridículo lo que yo digo. Y me dejo influenciar por mis sensaciones de ridículo y vergüenza. Me estoy encadenando a su juicio y me he vuelto -literalmente su esclavo- al querer complacerle y ganarme su aprobación.

Como decía nuestro amigo Nietzsche:

[“La liberación es no sentirse ya nunca más avergonzado de uno mismo”]