La vergüenza es otro de los obstáculos que tenemos para conectar con nuestro ser interior. Es una emoción sutil, muy parecida a la culpa, que surge cuando hacemos actos inadecuados, ridículos o dignos de condenación. Mirando la definición de ridículo que aparece en el diccionario encontramos:
"Extraño, irregular y de poco aprecio y consideración". "Acto expuesto a la burla o al menosprecio de la gente, sea o no sea con razón justificada".
Con esta definición podríamos declarar, que la vergüenza y el ridículo son sentimientos creados socialmente basados en normas externas de comportamiento. Además de ser carencias intrínsecas del autoestima que nos impiden ser auténticas.
Muchos de nuestros actos espontáneos, inocentes y completamente normales, fueron rechazados en nuestra infancia con las típicas frases represivas de: "Eso esta mal”, "Eso se ve ridículo", "Que dirá la gente", "no lo hagas",...
Y con esta carga de represiones nos han convertido a lo largo de los años, en una manada de robots y mimos imitadores que no tienen expresividad ni alma propia. Nos hemos convertido en imitadoras de doctrinas frías y muertas, y las sensaciones internas de infelicidad han ido invadido nuestro ser.
Aquí me refiero a la vergüenza de nuestra imagen, de nuestras emociones, de nuestras ideas y pensamientos. Siempre estamos fingiendo. Nos han hecho creer que hay que tapar a toda costa nuestra verdadera esencia, sin ninguna comprensión, ni orientación adecuada al respecto.
Con esto no digo que dejemos hacer a los demás lo que les apetezca. Pero es que en el mismo ámbito de las relaciones personales se puede ver. Dentro del marco del respeto y la educación, se nos condena salirnos del "comportamiento social normal" y parece que ser nosotras mismas se convierte en algo terrible. Si al otro le parece ridículo lo que yo digo. Y me dejo influenciar por mis sensaciones de ridículo y vergüenza. Me estoy encadenando a su juicio y me he vuelto -literalmente su esclavo- al querer complacerle y ganarme su aprobación.
Como decía nuestro amigo Nietzsche:
[“La liberación es no sentirse ya nunca más avergonzado de uno mismo”]

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