miércoles 2 de abril de 2008

El masoquismo en la Mujer

Quería escribir un artículo sobre el masoquismo en base a mi experiencia, pero creo que la mejor definición la tiene Claudio Naranjo en su Libro "Carácter y Neurosis". Donde hace mención también a Karen Horney. Aquí os copio el texto:


[Creo que la discusión más completa e intuitiva del carác­ter masoquista hasta la fecha, en la literatura, es la de Karen Horne y, quien, sin embargo, a veces habla de este síndrome generali­zando en exceso el aspecto de "autonegación". He aquí lo que Haroíd Kelman, discípulo de Horney, dice del masoquismo en la "International Encyclopedia of Psychology"'.

"Según Horney, el masoquismo no es ni un amar el sufri­miento en cuanto tal, ni tampoco un proceso de autonegación biológicamente predeterminado. Es una forma de relacionarse y su esencia es el debilitamiento o la extinción del yo individual y la fusión con una persona o poder que se piensa es más grande que uno mismo." Esta observación corresponde al aspecto autolimitador de la envidia y al intenso deseo de absorber en sí mismo los valo­res percibidos en los demás, y también a su disposición a sufrir por este "amor", o, dicho más exactamente, por esta necesidad de amor.

El artículo continua: "El masoquismo es una forma de hacer frente a la vida a través de la dependencia y el autoempequeñecimiento. Aunque ello resulta más obvio en el área sexual, abarca todo el espectro de las relaciones humanas. Como parte del desarrollo de un ca­rácter neurótico, el masoquismo tiene sus propios objetivos espe­cíficos y un sistema de valores. El sufrimiento neurótico puede servir a los propósitos de evitar recriminaciones, competitividades y responsabilidades. Es una forma de expresar acusaciones y venganza de un modo disfrazado. Atrayendo y exagerando su sufrimiento, justifica sus exi­gencias de afecto, control y reparación. En el sistema distorsiona­do de valores del masoquismo, el sufrimiento es elevado al rango de virtud y sirve de base para reclamar amor, aceptación y recom­pensa. Puesto que el masoquista se enorgullece de y se identifica con su yo autonegador, sufriente y desvitalizado, la conciencia de impulsos contrarios, de orden expansivo o autoexaltante, lo mismo que el sano esfuerzo por crecer, resultarían destructivos para su autoimagen. Abandonándose a un odio intransigente a la parte intolerable de sí mismo, el masoquista intenta eliminar el conflicto que le suponen sus impulsos contradictorios, y así el ma­soquista se sumerge en el odio a sí mismo y en el sufrimiento."]

[ "La persona se sitúa a sí misma en situaciones que la lle­van a fracasar y que le traen consecuencias dolorosas, incluso cuando tiene claramente disponibles otras opciones mejores [...] Rechaza ofrecimientos razonables de ayuda de otras personas [...] Reacciona a acontecimientos personales positivos con depre­sión o con sentimientos de culpa [...] Característicamente, la gente que presenta este desorden actúan de tal modo que hacen que los demás se enfaden con ellos o los rechacen [...] Pueden evitar repetidamente oportunidades placenteras [...] Con frecuen­cia, intenta hacer por los demás cosas que requieren un excesivo sacrificio, lo que les proporciona un sentimiento de orgullo y eleva su autoestima."]
[ En su descripción de los borderlines. Millón escribe: "Por consiguiente, son excesivamente temerosos de la desvalorización y el rechazo de los demás. Con una base de auto­estima tan inestable, y carentes de los medios para llevar una existencia autónoma, los borderlines se mantienen constante­mente al borde, a pique de caer en la ansiedad de la separación y prontos a anticipar el inevitable abandono. Los acontecimientos que despiertan estos miedos pueden precipitar esfuerzos extre­mos por restablecer el equilibrio, ya sea por medio de la idealiza­ción o de la propia abnegación, o por actos autodestructivos con los que busca atraer la atención, o bien, por el contrario, median­te actos autoasertivos y el impulso de la rabia."]
[ Asimismo observa Schneider en los melancólicos una tendencia a la vanidad: "El compararse a sí mismos con quienes viven felizmen­te y el conocer la sencillez característica de estas gentes le llevan a mirar el sufrimiento como algo noble y a considerarse a sí mis­mos de un modo aristocrático. Otros ven en el sufrimiento un mérito, lo que, unido a su tendencia a reflexionar y a cavilar sobre la amargura de la vida terrena y la profunda necesidad de ser ayudados, les lleva a buscar un refugio de orden filosófico o religioso". Señala también "una preocupación estética en los melan­cólicos, que puede manifestarse en su forma de vestir y de vivir, y que puede incluso desembocar en presuntuosidad."]
Como veis chicas, muchas veces somos nosotras mismas las que nos hacemos la vida imposible. Quizas este tipo de actitud sea más frecuente en las mujeres por la educación cristiana que recibimos en la infancia, de que hay que sufrir y sufrir sin parar, y que eso es una virtud. Pero si nos basamos en los descubrimientos de escritos antiguos sobre Jesús, vemos que lo único que él predicada, era que nos amáramos a nosotras mismas(os); porque con eso ya había suficiente luz para expanderla por todas partes.

Pienso que haber hecho del masoquismo una virtud, fue una añadidura posterior de la Iglesia. Así estaríamos mas débiles y seríamos más controlables. El sufrimiento que nos causamos nos baja la vibración, nos hace daño, y hace daño a las personas de nuestro entorno. Y ni siquiera estamos haciendo bien a nadie, ¡que absurdo verdad!